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Llevo un tiempo personal y laboral volviendo a al origen.

Imagino que durante un tiempo me creí la reina de la mierda frita, intentando unirme al movimiento de la Diosa, e intentando crear unidad dentro y fuera de él.

Anduve el camino, “como la Diosa manda”, investigando de manera histórica, viviendo en mi cuerpo el trabajo con diferentes deidades, y teniendo contacto con muchas mujeres maravillosas, una de ellas, ya no está en este plano y lloro por ello a menudo.

Hice los cuatro años de sacerdocio que tenía entonces Sandra Román. Pedazo de maestra en la luz y en la sombra. Durante años se alojó en mi casa cuando venía a España en verano, y muchas son las horas de conversación con ella. También la echo de menos.

Yo provenía de un mundo donde nada era igual a lo que yo estaba aprendiendo, así que me convertí en esponja, no conozco otra manera de aprender y vivir para integrar.

Comencé a dar clases de Sacerdocio, aunque incluía muchas de mis prácticas originales animistas, todo esta tintando por la Diosa, a la que compuse muchas canciones que por ahí andan, espero, en boca de muchas mujeres.

Pero cuando comencé a crear el Oráculo de Madre Tierra, antes conocido como el de la Gran Madre, no pude plasmar ningún rostro humano. Pedazo de pista que tuve ahí hace algún lustro. Primer ay: ¡ay, si lo hubiera visto antes!

Los nombres de la Diosas y Sus historias me parecían una preciosidad pero comencé a llamarlas Madres de… de cada dirección intermedia o de cada elemento.

Ya antes tenía toda una terapia basada en el giro anual y en los espejos y reflejos de cada dirección y de repente me di cuenta de que Sus nombres ya estaban escritos desde hace mucho tiempo.

Al igual que rescaté canciones muy antiguas que nunca había cantado para nadie y nacieron otras que nada tenían que ver con la Diosa.

Entre medias de ese cambio surge “el desamor” con algunas mujeres que habían pasado por el sacerdocio y hasta aquí puedo leer. Cada una con su conciencia, espero que duerma bien.

Y se suma parte del desamor a mi lesión medular y a la maldita o bendita pandemia que nos rodea. Cero movimiento exterior pero el interior era un hervidero y no quería que se transformara en un volcán, ni que explotara dentro de mí, pero la salida era hacia adentro.

Ahí he encontrado lo que había olvidado, ha sido volver al origen, y justo esa frase, compartida con hermanas y hermanos también sonaba como el latido de Madre Tierra en sus corazones.

El Sacerdocio de la Gran Madre terminaba, cada mujer que ha pasado por él tiene las vivencias en su interior y se puede llamar y hacer llamar como lo que es y lo que sienta, porque nada desmerece el trabajo que hayan podido hacer, como nada puede suplir el trabajo que no se hace.

Todo cambia y todo muta, y ese trabajo está cambiando y mutando para ser ofrecido desde el origen. Por eso ni siquiera se puede llamar de la misma manera, al igual que la Rueda del Año, ya no tenía el sentido que realmente encontrabas dentro de la formación y ahora se llama Caminando con Madre Tierra.

Ese nombres si es real, original, del origen, de mi propio origen, de mis entrenamientos y de mis integraciones.

Y el Sacerdocio que ya no es tal, también encontró su nombre en una reunión de mujeres que transitan a la Tierra de manera sagrada: Curanderas de la Tierra.

No es la misma formación que cambia de nombre, es que cambiará todo, porque lo anterior ya no tiene sentido para mi espíritu y mi alma, por eso no puedo seguir comunicándolo de la misma manera.

Si te parece bien, genial, si no, genial. Me puedes odiar, ponte cómoda y dale rienda suelta, que lo que se queda dentro se pudre, maja.

Soy un ser cambiante, y sorda. Sorda real, tengo hipoacusia del oído derecho desde los ocho años y sorda espiritual, porque jod** hasta que me he dado cuenta de la meta a la que debía llegar para seguir caminando.

Aunque desde luego, todo sucede cuando la persona está preparada. Está claro que llevo unos años más perdida que el barco del arroz, más ciega que un gato de escayola y más sorda que un zapato.

 

Estamos en un momento vital, en el que creo y siento que volver al origen es volver a lo simple, a lo primigenio y vital.

Eso lo hago en mi vida diaria, la interna y externa, y claro, tengo que comunicar desde ahí.

En este mundo de mercadeo, de consumismo, de capitalismo espiritual o espiritualismo del consumismo, siento la necesidad de volver al origen.

Y esa necesidad está despertando en el corazón de otras personas, por eso sigo comunicando, porque yo hablo e igual en alguna parte hay una persona que quiere escuchar, quien sabe.

Mis necesidades simples de ahora se reducen a esto:

 

Más tiempo libre que dinero

Mas silencio que sonido (ruido)

Más espacio y muchas menos cosas físicas a mi alrededor

Impecabilidad con mi hacer, con mi energía y con la energía que otras personas me permiten tocar.

 

Y este punto es un punto para desarrollar en otro escrito de forma mucho más extensa, porque hay tanta gente que se deja tocar el alma con manos sucias, que me da tristeza, aunque cada persona elige, desde luego.

No creo en esa atracción fatal de atraes lo que eres, lo que emites, lo que piensas, de manera literal y dramática, pero si que como mamíferas gregarias compartimos un principio de resonancia.

Cuando hablamos de que tal persona es una timadora porque da cursos caros y no da nada, y tu has estado en esos cursos y realmente es verdad, hay que denunciar a la policía, por supuesto. Si pagas por un producto que no recibes nunca es para denunciar.

Que no sea lo que tu esperabas puede ser inmoral, a veces, pero no ilegal

Si te decepcionas o desilusionas porque tenías puestas todas tus esperanzas y tu respeto en ese curso que no te ha servido de nada, te toca mirar dentro, muy adentro. Porque el principio de resonancia lanzó un hilo de energía que se unió a tu tapiz vital y sentiste la atracción.

Si has encontrado lo que has encontrado, mira dentro de ti, donde estaba el foco y la intención, la real, la que nunca contarías a nadie, y cuéntatelo a ti misma, porque eres la primera interesada.

Igual así dejas de vivir buscando y te encuentras.

Yo me encontré, me perdí y me volví a encontrar.

Volví al origen.

Manos antiguas unidas con manos nuevas. La voz de las abuelas en mis cuentos para mujeres del siglo XXI. Las antiguas maneras de moverse por los bosques, los ríos, la vida, no han cambiado, quizá porque en origen era solo una.

Cantar en la cueva vuelve a ser templo. Cantar a los árboles vuelve a ser conexión.

Mariam Cárcel

Mujer Incómoda

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