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¿Se puede hacer copia y pega en el alma?

Me asombra ver la falta de necesidad por cosas nuevas, estimulantes o diferentes.

Llevo tanto tiempo impartiendo clases para mujeres, facilitando círculos, tiendas rojas, espacios para la escucha, que llevo siguiendo el trabajo de otras mujeres media vida.

Y me abre los ojos como platos, como mujeres que solo comparten textos e imágenes de otras mujeres, con el debido crédito, eso sí, que a cada uno hay que darle lo suyo, vende sus cursos de círculos o espacios de mujeres como churros.

Mujeres que nunca han compartido nada personal, nada creado por ellas mismas, son las líderes a las que siguen mujeres que quieren aprender a facilitar esos espacios.

Me agobia la idea de estar creando clones constantemente, que, al alimentarse de las mismas fuentes una y otra vez, crean una endogamia energética que no creo que sea beneficiosa para ninguna de ellas.

 

Yo creo todo lo que ofrezco, imágenes, vídeos, gif, canciones, textos. Todo lo que he creado a lo largo de los últimos 25 años de mi vida, está puesto en cada uno de mis trabajos.

Veo como tenemos que denunciar a fulanita o menganita, porque usan nuestros materiales sin quitar el nombre siquiera, que a mí me ha pasado en primera persona, que una mujer usaba mi manual de facilitadora de tienda roja para dar sus cursos.

Como una vez que lo daba se desentendía de sus compañeras, algunas escribían a mi correo electrónico, que estaba en el manual para consultar sus dudas.

Evidentemente no eran mis alumnas y les decía que preguntaran a su formadora y encima se molestaban. Si has pagado a alguien por un servicio, como puede ser una formación, la reclamación tendrás que hacérsela a esa persona.

 

Es como si yo me compro un pantalón en Zara y como no me termina de gustar quiero que me lo arreglen o cambien el El Corte Inglés. Me mandarían a tomar por donde amargan los pepinos y con toda la razón, y desde luego, ninguna de nosotras se plantearía que los de El Corte Inglés son mala gente.

Pero si nos lo planteamos cuando suceden cosas como las que te he contado. Jo, pobre mujeres, tampoco se van a quedar con la duda, debería contestarlas, me han dicho alguna vez en alguna conversación informal.

Todo lo que repercute en nuestro espíritu está devaluado como trabajo, porque no es medible, cuantificable, mesurable, pero ahí está el trabajo, existe, no se puede negar, pero no se puede demostrar.

Los cambios que cada una experimenta en su espíritu tras un proceso espiritual como es transformarse en una facilitadora de tienda roja no puede ser controlado por una formadora ni por las compañeras.

Y es que, aunque hay un proceso físico de encuentros, manual, meditaciones y ejercicios, convertirse en una mujer que hace fácil un espacio, porque eso es ser un facilitadora es un proceso completamente espiritual.

Nos transforma de la raíz a las ramas y repercute en todos los ámbitos de nuestro mundo, porque ha cambiado nuestra vibración. Eso tiene un “pago”, lo que yo llamo efectos secundarios, y de los que siempre advierto: puede que a la gente de alrededor no les guste mucho tu cambio.

Porque si estás en tu poder no te pueden manipular, empezando por ahí, porque si pones límites sanos no pueden aprovecharse de ti, y ya comienzas a ser una persona incómoda en sus vidas. Y porque tu proceso de cambio honesto da toques a las sombras de las persona que te rodean.

 

Y yo me pregunto ¿Podemos llegar a una transformación profunda a través del refrito, del refrito, del refrito, de trabajos de otras mujeres que no hemos vivido en primera persona, y que tan solo hemos copiado y pegado?

¿Se puede hacer copia pega en el alma?

¿Necesitamos las mismas herramientas que hace 20 años?

 

Porque si las herramientas de la vida ordinaria han cambiado del neolítico hasta nuestros días, y las mismas herramientas tecnológicas cambian casi a diario ¿Nos servirán las mismas herramientas de las mujeres que tenían que luchar por el derecho al voto, por ejemplo?

Que no digo que no sirvan, pero habrá que ir creando nuevas herramientas para las nuevas mujeres del siglo XXI. Herramientas que sirvan para transformar, como un cantero hacía con de una piedra basta una obra de arte.

Yo he ido creando nuevas herramientas, mis formaciones se han ido transformando a sí mismas a través de los años, las meditaciones han cambiado, los textos, los ejercicios, todo ha ido cambiando, porque yo he ido cambiando.

No soy siquiera la misma mujer que ayer ¿Cómo voy a ofrecer las herramientas que creé hace diez años si muchas de ellas ya no me sirven a mí? Y aunque puede servir para otras personas, yo no se hablar desde quien fui, solo se hablar desde quién soy.

 

Dejo estas preguntas como reflexión para todas, porque creo que son preguntas interesantes, copiar y pegar, en el cuerpo, el espíritu, el alma, como si fuéramos piezas de serie de una fábrica que estampa un dibujo en un objeto, y eso objeto te lo encuentras en todas las tiendas que visitas.

Yo seguiré pensando en todo esto porque necesito ofrecer cosas diferentes, porque ofrecer solo lo que tengo de otras mujeres, tal cual lo tengo, me parece deshonesto y me ahoga, me asfixia la rigidez de estar ahí sin moverme, sin cambiar o sin aportar.

Por eso todo lo aprendido, todo lo que ha pasado por mi cuerpo y mi espíritu está reflejado en mis formaciones, porque no puede ofrecer lo que no soy, y cada día soy diferente.

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