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A veces me apetece escribir, más que una apetencia, es un deseo interior, una necesidad. Es como si las cosas que me llenan por dentro estuvieran apretadas y tienen que salir.

Escribo muchas veces, hojas y hojas, que nadie lee nada más que yo. Pero da igual porque lo que necesita salir ya está fuera.

Pero a veces, cuando me releo, me dan ganas de hacerlo público. Porque todo lo que siento, vivo y me digo puede que resuene con la vida de alguien y sea de ayuda. Yo no soy nadie, no tengo la misión de salvar a nadie, no soy una “cambia vidas”, a menos que sea cambiar la mía, que es la única en la que puedo hacer algo y la mayor parte de las veces no lo hago o lo hago. como el culo.

Me gusta meditar sobre mi vida, sobre lo que ya ha sido, porque así veo los miles de errores cometidos, los cuales, con la perspectiva de la vida, ya no son errores y son aciertos enormes. Y lo que parecían aciertos… pues con el tiempo, son cagadas tremendas, seguro que sabes de lo que estoy hablando.

Y como además soy mujer, tengo un mundo patriarcal, falocrático y competitivo en el que vivir y poderme desarrollar sin salir demasiado perjudicada. Porque ninguna de nosotras sale indemne de esta sociedad y de este sistema.

 

fuera patriarcado, we can do it, feminismo

Me dirijo a vosotras contando mi vida de mujer biológica, muy contenta de vivir en mi cuerpo, y sin considerarme hetero. Pero que soy mujer lo tengo claro, y tengo muy claro que, ahora mismo es bastante difícil definirte como mujer biológica sin que te llamen tránsfoba.

Como niña en un colegio católico bastante opusino lo tuve genial, no había nada que estorbara las creencias que me imponían. Estaba rodeada de mujeres de negro que me decían lo que tenía que sentir, lo que tenía que decir, como comportarme, como rezar, como era mi cuerpo, como era toda mi vida, y en casa, por la época, todo eso estaba bien.

Yo no me preguntaba nada, para mí todo estaba bien, pero al crecer…bueno, todo, todo, no, porque yo quería ser monja, lo tenía claro desde pequeña, pero al crecer, eso de estar sometida sin poder medrar, porque era mujer y las mujeres no pueden ser curas…pues me moló muy poco.

Justo coincidió que me sacaron de ese colegio cuando entró la primera ley de educación en vigor y cambié a un colegio mixto, donde los chicos me parecían el mal en persona, donde mi conversación no tenía nada que ver con la de las chicas que encontré. Era una extraña, una disidente en un mundo hostil.

Tan solo tenía mi inteligencia y mis notas, así que me dejaba copiar para ir cayendo bien, que todo el mundo necesita el gregarismo y más a esa edad. Cuando se dieron cuenta los profes, me apartaron a un banco fuera del contacto de otro ser humano, otra vez una extraña en un mundo hostil.

 

estudiosa, empollona, rarita, conocmiento

 

La verdad es que me he sentido fuera de lugar casi toda mi vida, con esa sensación de encajar de rebote o como alguna obligación. Me pasó con los grupos de amigas de la adolescencia, menos con dos amigas, con una de ellas aún tengo contacto, aunque sea poco, mi amiga Dori y yo protagonizamos juntas toda la adolescencia, en el instituto, en casa de una y de otra, saliendo juntas, yendo a su pueblo de fiestas. Buah, que días aquellos tan bonitos e inocentes.

Pero con otros grupos siempre era la rara, no porque me lo dijeran nunca, es que yo me sentía fuera de lugar, con pequeños detalles del estilo de salimos juntas, pero no te avisamos porque iba ser para un rato, y como vives tan lejos y nosotras vivimos todas cerca…

Es cierto, yo vivía lejos de ese grupo, pero no me parecía lo peor del mundo, todo el mundo puede avisar con tiempo. Pero bueno, será de esas cosas que te suceden, que no quieres ver del todo, ni como adolescente ni como adulta, porque ahora mismo no me siento fuera de lugar, pero no hace tanto que sí, y, además, muy empeñadas que estaban ellas en que me diera cuenta, que parecía que yo era incombustible y no me iba.

Creo que todas nos hemos sentido fuera de lugar en alguna ocasión o en muchas, sino en todas. ¿Te has sentido así alguna vez? Pues bienvenida al club de las raras incomprendidas que no encajan en ninguna parte.

 

 

Ese desencaje me llevó a pasar mucho tiempo sola, sobre todo, porque fui madre por primera vez muy joven, mis amigas terminaron la carrera y comenzaron a trabajar y yo estaba cambiando pañales, así que, más fuera de lugar aún.

Siempre he sido solitaria, pero siendo madre, aún más, porque de mi edad había pocas madres, y salir siempre por ahí sin mis hijas pues no me gustaba. Recuerdo esos momentos de aislamiento social ahora, porque entones yo era más feliz que un guarro en un charco con mis hijas en casa. Había momentos divinos todos los días.

Ahora sigo desubicada, mientras mis antiguas amigas tienen hijos e hijas en la adolescencia, las mías han terminado la universidad y ejercen sus profesiones o están preparando oposiciones, así que tampoco nos une nada.

Las conocidas que tienen hijas e hijos de esa edad suelen tener diez años más que yo e intereses “incomunes”, que ya se que la palabra no existe, pero es la mejor definición que he encontrado.

 

maternidad

 

Así que sigo fuera de honda, desenganchada del mundo social real, donde las personas de piel se comunican.

Eso sí, tengo una comunidad femenina de sostén y apoyo que es la leche, aunque…no estamos cerca. Físicamente estamos en a tomar viento, pero nuestros corazones laten juntos, unidos al corazón de Madre Tierra también. No son relaciones virtuales, son absolutamente reales, pero lejanas, a ratos, que una vez al año hay encuentro y entonces nos falta piel para tanto beso y abrazo.

He seguido siendo aislada por grupos de personas cuando ya no interesaba, pero eso es de lo más común del mundo y nos pasa a todas al menos una vez al año, a mí incluso dos, jijiji.

Solo que ahora me da igual, me molestan los motivos y las herramientas usadas para ello, pero por lo demás es que no va conmigo, aunque me baneen como decimos ahora.

 

Estar sola es guay, no siempre, pero es guay. Si sabes aprovechar el potencial del aislamiento social puedes estudiar hasta una carrera universitaria. Yo uso todo el tiempo de esa soledad para trabajar en su mayor parte, pero también para leer, bordar, componer, diseñar. Me faltan horas al día, menos mal que no tengo vida social, porque si no, no tendría tiempo ni de morirme.

Ahora que soy una lesionada medular incompleta, también estoy fuera de todo, porque no tengo silla de ruedas, pero tampoco estoy bien del todo, y, aunque hay grupos super molones en las redes de apoyo a persona que hemos sido operadas de la columna, en unos sitios no eres nada y en otros te pasas.

Estoy fuera de muchas cosas, todas humanas, claro, pero me siento completamente dentro de la Vida, con tanta intensidad que, a veces, me emociono. Soy una conmigo misma y con la Tierra, en el círculo entre la Tierra y el cielo, en ese círculo de la vida soy tan solo una mota en un universo infinito, y, siendo tan poco, me siento inmensa, libre, completa, feliz.

 

ecologia, madre tierra, ecocidio, amor por la vida, Tierra

 

Fuera o dentro son emociones muchas veces

 ¿De dónde quieres salir?

 ¿A dónde quieres entrar?

Piensa bien la respuesta, que la Tierra concede los deseos…

 

PD: me casé, me divorcié, me volví a casar enamorada hasta las trancas y 13 años después sigo en el mismo estado. No estoy sola porque vivo en pareja, una pareja que hace cualquier cosa para que yo esté bien, como ir a la piscina y al gimnasio que lo odia para acompañarme en mi recuperación muscular tras la lesión.

Y tengo una familia genial, de sangre y de adopción (porque lo de la familia política suena fatal), soy una afortunada de la vida, una privilegiada, quién me conoce sabe que siempre lo digo, y como resumen, estar sola o no encajar no es un problema, el problema es como lo vivimos nosotras y las carencias que genera.

En mi caso algo de carencia había pero lo llené con tantos libros, cursos y estudios que no me dio tiempo a darme cuenta, ahora puedo meditar sobre mis carencias escribiendo en sumerio por ejemplo (venga ahí pedantería de la buena, pero eso lo puede estudiar cualquiera…que quiera).

Estoy sola de grupos sociales, pero tengo la unidad del mundo dentro de mi corazón, acompañada de personas, pocas, pero las mejores, que sienten lo mismo que yo.

 

Mariam

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