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Según las antiguas tradiciones paganas que sigo, en esta época celebramos la primera cosecha. Es una época festiva donde toda la comunidad se juntaba, no solo para trabajar duramente, sino para celebrar el fruto de ese trabajo.

Ahora, en este mundo tecnológico del siglo XXI, nada nos parece suficiente. Nos bombardean con necesidades nuevas todos los días, así que, nos costó mucho el último IPhone, aún lo estamos pagando, pero oye, que ya ha salido el nuevo y no puedo estar sin él. Y digo esa marca de teléfono, como podría decir cualquier cosa. Creemos que necesitamos tantas y tantas cosas, que, o somos ricas y ricos como Craso, o desde luego, viviremos en la frustación todos los minutos del día.

Porque además, esta sociedad llena de mercadillos espirituales nos ha vendido algo mucho peor que la necesidad, nos ha vendido el “yo lo valgo”, el “yo lo merezco como derecho de nacimiento”. Así que si sumamos la frustración de no conseguir todo aquello que queremos, al absurdo merecimiento, tenemos un cocktail de venenos que se alimenta a sí mismo, generando más de lo mismo, de forma exponencial, hasta que hay un punto de no retorno, un colapso general de ese ser humano, de esa persona. Claro que no se muere, pero entra en una catatonia vital, se resigna a vivir en la queja y el victimismo constante, sin dejar de usar ese merecimiento a estar en todas partes y a tener de todo, pero no hace nada por llegar a su meta, tan solo se sienta a ver si llega el merecimiento, mientras se queja hasta el aburrimiento de todos los que tiene alrededor.

Todos merecemos, de eso no hay duda, merecemos vivienda digna, trabajo digno, sueldo digno. Merecemos una familia nuclear sana y amorosa, amigos y amigas lindas y fieles. Merecemos salud física, paz mental, aire puro, comida sana. ¡Claro que nos lo merecemos!. Pero pensar que eso va a suceder sentada comiendo donuts, que no engordan, mientras nuestro casero nos deja vivir sin pagar en su casa y todos los mercados del mundo nos regalan su productos, no es un sueño, es una fantasía. El merecimiento, naciendo de una creencia, tiene que pasar por la acción para tener frutos.

Al igual que nuestras antiguas sembraban, cuidaban, regaban y quitaban las malas hierbas, para llegar a la cosecha interior y exterior, nosotras tenemos que haber seguido los mismos pasos, porque hay cosa que no han cambiado ni cambiarán, el ciclo de siembra y cosecha de la propia Tierra nos dan el mapa del tesoro.

Si no sabes que has sembrado, si no has actuado en consecuencia para cuidar esos brotes, regarlos en su justa medida, retirar todo aquello que impedía su crecimiento, desde luego puedes cosechar albaricoques o piedras, igual tienes suerte y una vez te sale bien así, pero no siempre. Y desde luego que te puedes quejar de lo que has perdido, pero en realidad no has perdido nada, porque sin trabajo, sin accion y sin energía, no es que no te lo merezcas porque eres fea o bajito o pelirroja, no te lo mereces porque no se puede cosechar de árbol ajeno, o al menos no se debería, porque si tu campo está yermo, si no has hecho nada en él, no puede haber cosecha ninguna, y si te llevas algo desde luego no es tuyo.

Tener poder personal es soñar y actuar, tener poder personal es saber que merecemos cosechar lo que hemos sembrado, no que merecemos que una fuerza externa a nosotras, nos “regale” todo lo que nuestra imaginación piensa que se merece, solo por el hecho de respirar. Y es una pena, porque cada vez hay menos poder personal, queremos tener sin hacer, cosechar sin sembrar, recoger sin trabajar. Queremos ser personas L´Oreal, porque yo lo valgo. Hablamos de ancestras y antiguas tradiciones pero nos quedamos en la idea romántica que hemos recibido de películas y libros muchas veces, porque si nos fijamos realmente en nuestras antiguas y antiguos, eran unos alquimistas alucinantes, transformaban trabajo en comida, en vestido, en hogar, en leña para calentarse. Estaban transformando todo el tiempo, y la mismo tiempo estaban transformándose ellos.

Y tras la primera cosecha, llega algo que a veces no es agradable, separar el grano de la paja, decidir con que nos vamos a quedar, y sobre todo tener en cuenta que no deberíamos gastar todos nuestros recursos, porque si no, nos querdaríamos sin semillas para la siguiente siembra. Eso también es poder.

Esta primera cosecha está cuajada de abundancia y desde luego solo podemos cosechar lo sembrado, así que te animo a reflexionar.

¿Sabes que sembraste?

¿Qué has cosechado?

     Medita sobre el tiempo que ha pasado entre los dos procesos, que has hecho y cuanto has invertido en el cultivo, se sincera contigo misma, sincera hasta el dolor, porque vamos camino del caldero, y ahí estaremos desnudas de verdad, con todo lo que somos al descubierto. Separa tu grano de tu paja, selecciona cuidadosamente, porque en el siguiente portal, llega el momento de guardar en los graneros aquello que hayamos seleccionado.

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Malditas galletitas, aunque no me gusten estas, que no tienen ni cholocate ni nada, la web las recopila y yo las borro todos los días, no necesito tu IP ni ninguna otra cosa que tu voluntariamente no quieras ofrecer. Si quieres ponerte en contacto conmigo y que te envíe mails, ya si eso me lo dices por correo y yo entonces tendré que ofrecerte otro formulario, cual vampiro, pidiendo permiso para invadirte.