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¿Cuántas veces has deseado empezar de cero? Te aseguro que me faltan dedos en la manos para contar las veces que lo he deseado yo.

 

Empezar de cero es como si nada de lo que hubiéramos hecho hubiera existido, pero como somos muy listos, empezar de cero queremos que sea a la carta, no queremos borrar todo, tan solo las partes que nos incomodan nos duelen o nos avergüenzan, lo demás que no sí que mola.

 

Pero no es posible ni una cosa ni otra. Hace mucho tiempo aprendí a empezar de cero entendiendo que era ese cero, ese círculo vacío. Ese cero es el centro de todo nuestro ser.

 

Cuando pasamos por una experiencia dolorosa o traumática, la mente tiende a olvidar partes importantes para seguir adelante, fragmenta recuerdos, y, por supuesto los modifica, hay cosas que son más grandes de lo que fueron porque no queremos reconocer la responsabilidad en esos hechos, y cosas que se convierten en pequeñas para poder soportar el dolor.

 

El cero es el centro de nuestro espíritu tras haber pasado por la noche oscura del alma, por el proceso del duelo, de la muerte, la destrucción, la deconstrucción de nuestro ser, hasta quedar solo en las moléculas primordiales de nuestro ser.

 

Ahí entendí el cero. Empezar de cero, es empezar un lienzo en blanco, como el que tenemos todos los días de nuestra vida, pero lo comenzamos con experiencia y sabiduría. Eso es empezar de cero. Empezar de cero es haber sido destruida hasta el tuétano y haberte vuelto a recomponer. De esas moléculas primigenias de tu espíritu, surge un Big Bang estelar, tan grande como un sol, tan pequeño como una galaxia, tan terrenal como un árbol, tan sagrado como un amanecer.

 

En la escritura medieval hay una cosa que se llama palimpsesto. Como el pergamino era carísimo, si algún manuscrito quedaba mal, se lavaba y raspaba hasta quitar la tinta de encima, pero las técnicas modernas no han permitido ver que había debajo del texto o miniatura que se ve.

 

Y eso somos nosotras, palimpsestos reescritos y sobreescritos. Oportunidades infinitas que nacen de nuestras experiencias y que nos regalan infinitos futuros probables. Nos reescribimos constantemente, desde el cero, desde el centro.

 

Nuestras moléculas primigenias son células madre del espíritu que pueden convertirse en aquello que soñemos desde la nada de estar muertas. Así que sueña, mucho, sin parar, sueña locamente, para que una vez que el duelo pase y te reescribas no pierdas la sabiduría de todo lo sufrido y aprendido, porque, aunque no se vea, está ahí para ser utilizada.

 

Ese lienzo en blanco que tenemos todos los días es un palimpsesto sagrado, preparado para sobreescritura constantemente y que une lo que somos, a través de nuestras fibras luminosas, del tejido vital al Gran Tejido que recoge todo hasta llegar al Misterio.

 

Empieza de cero cuando quieras. Será maravilloso.

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