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Hablamos de tener el control y perder el control.

 

Lo primero lo relacionamos con el equilibrio, cuando una tiene las cosas bajo control, domina la situación y eso nos da una sensación de paz, tranquilidad, estabilidad, bajo mi control, todo está bien, puedo relajarme.

Lo segundo lo relacionamos con la pérdida, la locura incluso, nos angustia y nos intranquiliza

Pero el control es una mera ilusión, no tenemos control bajo ninguna circunstancia. Si yo hago la comida con ingrendientes naturales, con mucho amor y cocinada lentamente, “controlo” lo que come mi familia, vale, me lo creo. En realidad no lo controlo, cuando yo cocino se lo que comen y como está cocinado, pero puede que las verduras que yo he comprado como ecológicas estén llenas de pesticidas, yo no he controlado el proceso de crecimiento de esas verduras, ni  a los que las cultivan. Tampoco controlo que la carne esté llena de fármacos o el pescado de plástico. Confío en que si compro un producto de cercanía, me lo vendan por lo que es. Pero no lo controlo.

Por eso en realidad nunca tenemos control sobre nada, es una mera ilusión de la mente que nos llena de falsa seguridad también, y es un doble juego, porque cuando creemos tener el control es justamente cuando no controlamos nada, y cuando “perdemos” el control es cuando realmente tenemos capacidad de actuación sobre nuestras vidas, porque estamos fluyendo en algo que si que tenemos a raudales aunque no lo usemos mucho: “la confianza”.

Cuando perdemos el control confiamos. En la Vida, en los dioses, cada una en lo que crea, pero confiamos. Yo prefiero confiar en mi misma, ya que así no dependo de factores externos, y como dice la abuela Margarita, cuando quiero algo me lo pido a mi misma, pues eso.

Pero, como soy una humana normal y corriente mi mente me pide tener ese control casi todo el tiempo, los días impares por lo menos, y tengo que estar muy lista para no entrar en esa trampa. Cuando he tenido temporadas largas de “coger el control”, mi cuerpo ha acusado todo esa tensión, y fue cuando comencé a darme cuenta, que lo único que hacía con ese control era cerrar las manos muy fuerte, de manera literal y figurada, pensando quizá, que así yo tendría el control bien agarradito. Pero no, el golpe de realidad fue tan fuerte, que todavía me estoy rascando el chichón.

Sin embargo, cuando me he entrado con confianza a la falta de control, mis brazos de han descontracturado, repiro con todos los pulmones, mi columna está recta y camino erguida, porque como no hay nada que controlar, puedo relajarme de verdad y VIVIR.

 

Una mujer que confía es una loca, una loca descontrolada, el sistema cada vez tiene menos control sobre ella. Seamos muchas locas confiadas y decontroladas, es una manera más de ser incómoda.

 

Dejemos que el mundo se llene de locas que confían.

 

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Malditas galletitas, aunque no me gusten estas, que no tienen ni cholocate ni nada, la web las recopila y yo las borro todos los días, no necesito tu IP ni ninguna otra cosa que tu voluntariamente no quieras ofrecer. Si quieres ponerte en contacto conmigo y que te envíe mails, ya si eso me lo dices por correo y yo entonces tendré que ofrecerte otro formulario, cual vampiro, pidiendo permiso para invadirte.