Comparte...si quieres, claro.
Share on Facebook
Facebook
Pin on Pinterest
Pinterest
Tweet about this on Twitter
Twitter
Cuando la luz se aleja y la sombra se instala. Cuando la bruma cubre la tierra y los velos de los mundos se hacen finos como la tela de una araña. Cuando ancestras y ancestros susurran en nuestro espíritu, y los nudos del Gran Tejido que todos formamos se definen, puedo sentir mi aliento unido al de muchas otras personas.
Una sutil certeza de que todo lo tejido, para bien o para mal, es sagrado y forma parte de una trama perfecta, de una urdimbre mística, que me conecta al Misterio, que me conecta con todo lo vivo.
Entonces camino la fría tierra con los pies desnudos, sintiendo la energía de todas sus venas en forma de energía, siento el rocío y la escarcha, la humedad de la niebla, la furia de la tormenta, la cercanía del caldero, que me llama para que me entregue.
Y en el portal donde Su luz me espera, el cuervo me canta una canción que muchos consideran desagradable pero que para mí es una nana de magia antigua. Las tijeras cortan los hilos de lo que ya no forma parte, y se deshacen en las alas de la madre buitre, que se lleva lo que no sirve para ser devuelto a la vida, bajo otra forma, otro hilo, otros nudos, otro tejido.
Y en mi pecho siento la inefable sensación de la magia, antigua, arcana, ancestral, en cuya presencia soy un instante, y olvido todo lo que me aflige, porque ya no es importante, ni siquiera yo soy importante, pero me entrego a la transformación para seguir con mi insignificante vida, con mi voto y mi compromiso para Ella, la Gran Madre, para el mundo, para todo lo que está vivo.
Mariam

Comparte...si quieres, claro.
Share on Facebook
Facebook
Pin on Pinterest
Pinterest
Tweet about this on Twitter
Twitter